Cuida cada movimiento de su cuerpo. Camina delicadamente sin tropezar con nada. No tiene un fijo objetivo. Se sienta sobre la mesa. Sus ojos no se desvían de su deseo.
Estira la pierna cuando alguien llega. Sus labios no se despegan. Lo mira fijamente y lo atemoriza sin intención. Sólo un ser vivo se comunica a través de ese idioma superior.
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