Ahí estábamos los dos, veíamos las luces de la ciudad a lo lejos. Pasaban pocas personas.
Él estaba sentado en la vereda con las piernas en el cordón y las rodillas le sobre salían. Yo estaba con mi cabeza en sus piernas semi acostada. Veía como las luces de la ciudad iluminaban el sector de sus rodillas que más sobre salia. Estiraba los brazos y obserbaba atentamente como una pequeña línea marcaba la diferencia entre lo oscuro y lo claro de mi brazo.
Le decía que se calle y disfrutaba estar sobre una persona que le late el corazón. Sentía el tacto sobre su piel y mi piel. Sentía su olor tan difícil de detectar. Esos olores que te hacen sentir en un estado de éxtasis y relajación total. Que te revuelven el estómago, que te revuelven. Seguramente el no sabía todo lo que yo pensaba en ese momento, pero lo sentía. Lo sentía plenamente. Lo sentía sin mirarme a los ojos. Lo sentía plenamente. Lo sentía.
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